Viernes, Diciembre 15, 2017

¿Qué es la falta de actitud en los futbolistas?

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¿Conoces a alguien que le dé lo mismo hacerlo bien que mal, recibir alabanzas que reprimendas, sentirse valorado que ser repudiado?.
 
Ningún futbolista salta al terreno de juego con el propósito de jugar mal. Pero sí, parece que en ocasiones uno no lo da todo, no se entrega al máximo, no pone el esfuerzo necesario, no compite, no está en el partido…
 
¿Qué explicación se da cuando el futbolista está más estático, con menor recorrido, lento en las tomas de decisión, sin agresividad, torpe en las acciones y gestos técnicos, cometiendo errores impropios de su calidad, poco coordinado con el trabajo colectivo? Sin duda, se recrimina la falta de actitud.
 
Pero, ¿Realmente es así, un problema por defecto, por falta de motivación y de esfuerzo, por no tomarse en serio su trabajo?  No es tan simple. Esos síntomas apuntados, observados sobre el terreno de juego y que exasperan a cualquiera, pueden apuntar a múltiples causas:
 
- Dudas en la tarea, automatismos del trabajo colectivo aun por consolidar, desconcierto ante el trabajo planteado por el rival, exceso de confianza o relajación por subestimar al rival o dar el partido por ganado antes de su finalización, desánimo o sentirse derrotado ante el marcador adverso, falta de concentración, exceso de responsabilidad, ansiedad o estrés, ausencia de cohesión grupal, fatiga…
 
Cuando el jugador no parece el mismo, se muestra irreconocible o saca su peor cara, no es que no quiera sino que no sabe o no puede en ese partido.  La supuesta falta de actitud es una queja inespecífica que no llega a concretar nada. No prescribe soluciones.
 
Además, es ambigua, ya que da pie a que el jugador haga una interpretación perversa al suponer que el entrenador le está censurando como profesional por no tomárselo en serio. El jugador cuando escucha “falta de actitud” piensa que el entrenador no le valora y no cuenta con él, se siente rechazado como profesional.
 
El futbolista siempre discrepa de esa presunta “falta de actitud”, se pone a la defensiva y se aleja de su entrenador. Señalar por falta de actitud a quien está sobrepasado por su exceso de responsabilidad es una torpeza enorme.
 
Cuando el futbolista vive el partido con la incertidumbre de si va a ser capaz de responder a las expectativas generadas en su entorno profesional (entrenador, club, compañeros, medios de comunicación, afición…) aumenta su activación nerviosa, se tensan sus músculos, pierde coordinación, el diálogo interno se dispara, se rompe la concentración, las decisiones en el juego se hacen más lentas, está más estático…. con lo que los errores se precipitan y el rendimiento cae en picado.
 
El exceso de responsabilidad, elevada auto-exigencia, perfeccionismo, dudas percibidas en el entrenador o en el entorno respecto al propio rendimiento… activan el estrés y la ansiedad bloquea el talento. La ansiedad y el estrés son un problema por exceso, demasiada activación nerviosa y muchas preocupaciones. Nada que ver con la falta de actitud, problema por defecto.
 
En este diagnóstico no se puede equivocar el entrenador. Reprochar falta de actitud a quien está sobrepasado por su manera de vivir su profesión es un error grave que lleva a soluciones equivocadas y supone una falta de empatía total. La falta de actitud acaba siendo una justificación retórica para situaciones ante las que el entrenador no parece tener un diagnóstico claro, por la que señala a los jugadores como responsables de la derrota y con la que él se exime de toda culpa.
 
La falta de actitud acaba siendo una sutil forma de agredir a los jugadores que nunca resuelve nada y abre distancia entre el entrenador y el grupo, restando liderazgo.
 
En tiempos de dificultad se agradece el ánimo, el apoyo y la confianza; sobran los enfados, el pesimismo, la impaciencia, los temores, las urgencias, las acusaciones, eludir responsabilidades, huir de la quema… Cuando algo no sale no es simplemente por falta de actitud, es por algo mucho más concreto y cierto que eso. Se hace necesario concretar..